martes, 10 de febrero de 2009

“1, 2, 3...“ EN CLERMONT-FERRAND (I): Viaje de Ida

Ropa de recambio (gorro, guantes , polar y bufanda incluidos), montones de DVD’s, tarjetas de visita recién sacadas del horno, el portátil, la cámara de fotos, el mapa de carreteras… y mi Opel Corsa. Y unos pocos minutos después de las 15:00 (para no perder la costumbre de llegar tarde) me plantaba delante de ITES, donde ya me esperaban mis compañeros de viaje. Y es que además de Marc, otras dos personas iban a acompañarnos durante nuestra ruta por las carreteras francesas.

Se trataba, en primer lugar, de Sonia Martín, directora del corto “Lusidí”, que también se proyectaba en Clermont-Ferrand dentro del Screening de Catalan Films; y en segundo lugar, Toni Benages, director del Festival de Cortos Cryptshow (de Sant Adrià), así como director de programación del Filmets y jurado de varios festivales. Cargadas ya las maletas y los que iban a ocupar por espacio de unas seis horas el cómodo interior del Corsa, iniciamos nuestro viaje. La temperatura exterior bajaba a medida que avanzábamos, hasta, mediado nuestro recorrido, hallar nieve en las cunetas de la autopista francesa. Olvidadas ya las vergüenzas del inicio, la conversación de fue animando, y en parte por mi implicación en la charla, y en gran medida gracias a la inestimable colaboración de los tres copilotos (que no tenían nada más que hacer), no capté el enorme panel de advertencia de radares, suficiente despiste para que nuestra primera foto del viaje no saliera de nuestras cámaras.

Sacándole punta al asunto del radar, y tras pasar innumerables viaductos, llegamos sobre las 22:00 a Clermont. Toni, al Mercure (****), al lado del festival (como se nota que es jefecillo). Sonia, en casa de un particular que la organización dispone a los participantes, rollo intercambio cultural, a pocos minutos de la Maison de la Culture. Y Marc y yo, tras perdernos un par de veces, localizamos el gran Hotel Marmotel (**), lo que iba a ser nuestra casa por unos días.



Dejamos los trastos en aquella estrecha estancia, donde si pasaba uno ya no lo hacía el otro, y nos fuimos a cenar algo al centro, a la cafetería L’Universe, centro neurálgico de la fiesta nocturna. Tras comprobar que los franceses siguen tan simpáticos como siempre (tú hablas en inglés, te entienden, pero te responden en francés: coño, si te hablo en inglés quizás es porque no sé francés!!!!) nos retiramos pronto, que al día siguiente había mucho por hacer.

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